El sistema seco sube el suelo entre 15 y 30 mm y el húmedo convencional entre 7 y 9 cm; FEGECA cifra su peso en unos 20 y 100 kg/m².
Ninguna de esas cuatro cifras incluye el pavimento final, que suma su propio grosor, y las dos de peso son de una guía sectorial referidas a un tipo concreto de sistema seco, no una propiedad de la categoría: más abajo van con su matiz. Esa es la decisión que hay que tomar antes de mirar precios, porque si el sistema no cabe da igual lo que cueste. Y hay un desmentido que conviene hacer cuanto antes, porque circula por medio sector y hace descartar reformas perfectamente viables: no es cierto que el CTE exija 2,50 m de altura libre en una vivienda. Lo que el CTE fija son 2,10 m dentro del piso, es una exigencia de seguridad frente a impactos y no de habitabilidad, y la cifra de 2,50 no aparece ni en el Documento Básico SUA ni en el HS. Lo explicamos con la cita literal más abajo.
La consecuencia práctica de ese desmentido es lo que hace útil esta página: el CTE casi nunca es lo que impide una reforma de suelo radiante. Un piso de 2,55 m de altura con un sistema húmedo de 9 cm se queda en 2,46 m, muy por encima de los 2,10 que exige la norma. Lo que decide de verdad son otras dos cosas que casi nadie pone delante: las puertas, que ya están colgadas y no suben contigo, y el peso que el forjado tiene que aguantar. La propia guía sectorial de FEGECA lo dice sin rodeos: «La principal restricción técnica en el diseño e instalación de sistemas de suelo radiante en reformas es la altura disponible».
Última actualización: 5 de septiembre de 2026
El sistema seco sube el suelo entre 15 y 30 mm; el húmedo convencional, entre 7 y 9 cm. A esa altura hay que sumarle siempre el pavimento.
El binomio «húmedo o seco» con el que se despacha esto casi siempre se queda corto, y la clasificación que usa la guía de suelo radiante de FEGECA es bastante mejor porque distingue cuatro familias con cuatro rangos distintos. La diferencia no es académica: entre el sistema más fino y el convencional hay seis centímetros, que es exactamente la franja donde se decide si una reforma es viable.
Merece la pena detenerse en dos de las cuatro, porque rompen la idea simple de que «con mortero» significa 7 centímetros. El húmedo de bajo perfil lleva mortero y aun así se queda en 37-42 mm totales, según el desglose de la propia guía: panel de 10 mm, tubo de 16 o 17 mm y entre 10 y 15 mm de mortero por encima. Y el portatubos o de cota cero es igual de fino que un seco, entre 15 y 30 mm, pero lleva mortero y no lleva aislamiento, con la advertencia que la propia guía añade: sin aislamiento bajo el circuito, si el forjado no está aislado se genera un puente térmico y parte del calor se va hacia abajo.
El extremo alto lo confirma un fabricante por su cuenta. Roth cifra su sistema convencional —el que no es de reforma— «en torno a 9 cm de altura», con tubería de 16 o 20 mm, y lo descarta expresamente para reformas por ese espesor. Entre eso y el «de 7 cm a 3 cm» que FEGECA usa como referencia al describir la reducción del sistema seco, las dos fuentes independientes sitúan el húmedo convencional entre unos 7 y unos 9 cm sin pavimento.
Un aviso sobre cómo leer cualquiera de estas cifras, incluida la nuestra: ninguna incluye el pavimento final. Ni las de FEGECA, que lo dice expresamente en cada tipología, ni las de Roth. El gres, el porcelánico o la tarima que vayas a poner encima suman su propio grosor, y eso es lo que de verdad va a llegar hasta la puerta. Si quieres la potencia que pide tu vivienda y el orden de magnitud del sistema antes de hablar con nadie, la calculadora de suelo radiante la estima con la norma de emisión delante.
| Tipología | Espesor del sistema (sin pavimento) | Lleva mortero | Dónde encaja |
|---|---|---|---|
| Húmedo convencional | En torno a 7-9 cm | Sí, capa completa sobre el tubo | Obra nueva y reforma integral con altura de sobra |
| Húmedo de bajo perfil (panel liso) | 37-42 mm en total | Sí, 10-15 mm sobre el tubo | Reforma con algo de margen; panel 10 mm + tubo 16-17 mm + mortero |
| Seco con difusores discontinuos | 15-30 mm de panel | No | Reforma con poca altura; tubo de 12 a 16 mm |
| Seco con difusores continuos | 15-25 mm de panel | No | Reforma con poca altura; tubo de 12 o 14 mm |
| Portatubos o de cota cero | 15-30 mm | Sí | Muy poca altura, pero sin aislamiento: puente térmico si el forjado no está aislado |

El CTE exige 2,10 m de altura libre de paso dentro de la vivienda, no 2,50: esa cifra no aparece en el DB-SUA ni en el DB-HS.
Este es el punto donde el sector se equivoca de forma más consistente, y son tres errores encadenados, no uno. El primero es la cifra. El segundo, el documento: se atribuye indistintamente al Documento Básico SUA o al HS, y no está en ninguno de los dos. El tercero, y el que menos se ve, es la naturaleza de la exigencia: la altura libre del CTE no es una regla de habitabilidad, es una regla de seguridad para que nadie se golpee la cabeza al circular.
Lo que el CTE dice de verdad está en la Sección SUA 2, «Seguridad frente al riesgo de impacto o de atrapamiento», apartado 1.1 «Impacto con elementos fijos», punto 1, y dice esto textualmente: «La altura libre de paso en zonas de circulación será, como mínimo, 2,10 m en zonas de uso restringido y 2,20 m en el resto de las zonas. En los umbrales de las puertas la altura libre será 2 m, como mínimo.»
Falta una pieza para que ese párrafo se lea bien, y es la que hace que la mayoría se quede con el 2,20. El propio Documento Básico define «uso restringido» en su anejo de terminología como la utilización de zonas o elementos de circulación limitados a un máximo de diez personas con carácter de usuarios habituales, incluido expresamente el interior de las viviendas, y excluyendo también expresamente las zonas comunes de los edificios de viviendas. Traducido: 2,10 m dentro de tu piso; 2,20 m en el portal, el rellano y los pasillos comunitarios; 2 m en los umbrales de las puertas. Quien cita 2,20 m para el salón de una vivienda ha leído el documento correcto y se ha quedado con la cifra del vecino.
Diez centímetros mal contados no son un detalle en esta decisión. Si estás eligiendo entre un sistema húmedo de 7-9 cm y uno seco que cuesta más por metro cuadrado, la diferencia entre creer que tu margen acaba en 2,20 y saber que acaba en 2,10 puede ser justo la que cambia la compra.
Y queda el 2,50 m que todo el mundo repite, que tiene que venir de algún sitio. Lo más probable es que venga de las normas de habitabilidad de cada comunidad autónoma y de las ordenanzas urbanísticas municipales, que es donde sí vive el concepto de altura habitable y donde el CTE no entra. No publicamos ninguna cifra concreta de esas normas, ni general ni de ninguna comunidad, porque no hemos verificado ninguna en su fuente original: si tu caso está justo en el límite, la altura de habitabilidad la fija tu comunidad autónoma y en su caso tu ayuntamiento, y hay que consultarla ahí. Preferimos decir eso a darte un 2,50 falsamente estatal que además te haría descartar una reforma viable.
El techo casi nunca es el problema en un piso español; lo es la puerta, porque el sistema sube el suelo por debajo de una hoja que ya está colgada.
Hagamos la cuenta con números concretos, que es lo que ninguna de las páginas que compiten por esta búsqueda hace. Un piso con 2,55 m de altura libre al que se le mete un sistema húmedo de 9 cm se queda en 2,46 m. Frente a los 2,10 m que exige el CTE dentro de la vivienda, sobran 36 centímetros. Por el criterio del CTE, ese piso no tiene ningún problema de altura, y sin embargo esa reforma puede ser inviable igualmente.
El motivo es que la altura de una habitación se mide desde el suelo hasta el techo, y una puerta no. La hoja de una puerta cuelga de un marco que está fijado a la pared: cuando el suelo sube nueve centímetros, la puerta no sube con él. Se queda donde estaba y deja de abrir, o roza. Y el hueco libre bajo el dintel también se reduce en esos mismos nueve centímetros, lo que conecta directamente con la única cifra del CTE que un suelo que sube ataca de frente: los 2 m mínimos de altura libre en los umbrales de las puertas.
Aquí está el número que esta página querría darte y no puede: no publicamos una altura estándar de puerta interior en España porque no hemos encontrado ninguna fuente que la fije, y dárnosla a ojo sería exactamente lo que criticamos del resto del sector. Lo que el CTE dice de los umbrales es una exigencia de paso mínimo, no la medida de la hoja que hay instalada en tu casa. Así que la instrucción correcta no es comparar con una media: es medir la tuya, que además es mejor consejo, porque la puerta que decide tu obra es la más baja de tu casa y no la media de nadie.
Tampoco te vamos a decir cuántos centímetros se le puede recortar a una puerta. Es la pregunta natural de quien descubre que le faltan tres, y no tenemos ninguna fuente de fabricante sobre el límite práctico ni sobre qué le pasa a la garantía de la hoja al cortarla. Es una pregunta legítima para el carpintero o para el fabricante de la puerta, y hay que hacérsela antes de firmar la instalación, no después.
Una buena noticia para el caso más común. Si vas a levantar el pavimento existente de todas formas —y en una reforma en la que se cambia el suelo es lo habitual—, recuperas el espesor del suelo antiguo, que se descuenta de lo que el sistema nuevo va a subir. Un baldosín cerámico con su capa de agarre no es despreciable en esta cuenta, y a veces resuelve el problema entero por sí solo. Cuánto cuesta ese levantamiento y por qué encarece la obra está en la página de precio del suelo radiante; aquí lo que importa es que son centímetros que se recuperan.
No la media, la peor. Desde el suelo terminado actual hasta la parte baja de la hoja, y desde el suelo hasta el dintel del hueco. Anota las dos, porque la primera te dice si la puerta abrirá y la segunda cuánto queda de paso libre.
Si el suelo antiguo se retira, esos centímetros vuelven a tu favor. Si el sistema se instala encima del pavimento existente —hay fabricantes que lo declaran posible—, no recuperas nada y la cuenta parte de cero.
Las cifras de la tabla de arriba son del sistema sin pavimento, sin excepción. El gres, el porcelánico o la tarima que vayas a poner encima suman su propio grosor y son parte de lo que va a llegar hasta la puerta.
El escalón que aparece en la entrada de la vivienda es la consecuencia más visible de subir el suelo, y no la resuelve el mismo instalador que pone el circuito. Que quede dicho en el presupuesto quién se ocupa de él.

Un suelo radiante húmedo pesa unos 100 kg/m² y uno seco con difusores metálicos unos 20, según FEGECA. En un forjado antiguo eso descarta antes que la altura.
Es el eje que no explota nadie en este SERP y probablemente el más importante de esta página para una parte concreta de lectores: quien vive en un edificio antiguo. La cifra es literal de la guía de FEGECA, que cuantifica así lo que cambia al sustituir el mortero por difusores metálicos: «reduce considerablemente la altura y el peso del conjunto de materiales (de 7cm a 3cm y de 100 kg/m2 a 20 kg/m2), lo que facilita su instalación en reforma de viviendas en altura».
Cinco veces menos peso no es una mejora de matiz. Un sistema húmedo son cien kilos por metro cuadrado de carga permanente añadida sobre el forjado, que en una vivienda de 90 metros son alrededor de nueve toneladas repartidas por toda la planta. La propia guía dice para qué caso recomienda el sistema seco, y conviene citarlo literal en vez de resumirlo: «el bajo peso del sistema lo hace ideal para rehabilitaciones en las que los forjados existentes tengan restricciones en la carga mecánica a soportar».
Lo que no vamos a hacer es decirte qué forjados tienen esas restricciones y cuáles no. Esta misma página se niega a publicar la altura de una puerta interior porque no tenemos fuente para ella; sería incoherente clasificar de oficio, y desde una web, qué estructuras aguantan cien kilos por metro cuadrado, que es una cuestión de bastante más consecuencia. Qué admite tu forjado es algo que tiene que decir alguien que lo mire, con la documentación del edificio delante y, si hace falta, con una inspección. Ni un comercial por teléfono, ni una calculadora, ni esta página.
Lo que sí cambia esto es el orden de tus preguntas. La altura la puedes resolver tú eligiendo un sistema más fino, con la cuenta que hemos hecho arriba. El peso no: es la única variable de esta decisión que no puedes despejar por tu cuenta, así que si hay alguna duda sobre la estructura, esa pregunta va antes que la de los centímetros, no después.
Dos aclaraciones honestas sobre esas cifras, para que no se usen como más de lo que son. La primera: los 100 y los 20 kg/m² son de FEGECA y se refieren al sistema seco de tipo B con difusores metálicos, no son una propiedad general de la categoría — no digas «un suelo radiante seco pesa 20 kg/m²» como si fuera una constante, porque cada sistema y cada panel es distinto y el propio Roth, por ejemplo, describe su panel seco como de «peso extremadamente ligero» sin dar ninguna cifra por metro cuadrado. La segunda: ninguna de las dos cifras incluye el pavimento, que también pesa, y un porcelánico grueso o una piedra natural no son ligeros.
Lo que sí puedes hacer con esto es entrar en la conversación con la pregunta ya formulada, que es media batalla. Pregunta por escrito qué carga añade al forjado el sistema que te proponen y si alguien lo ha comprobado. Que la respuesta esté en el presupuesto y no en una llamada.

En obra el mortero se ejecuta habitualmente con unos 4,5 cm por encima del tubo; con autonivelantes específicos puede bajar a 1-1,5 cm bajo recomendación del fabricante.
Esa capa es la que explica casi toda la diferencia de altura entre un sistema y otro, así que conviene saber de dónde sale su espesor. Y aquí hay algo que decir que va contra el interés de esta página, porque sería mucho más cómodo darte un número redondo con una norma detrás: no vamos a presentar ninguna cifra como «lo que exige la UNE-EN 1264». Esa norma es de pago en AENOR y no la hemos leído en el original. Todo lo que el sector cita sobre ella procede de cómo la resume la guía de FEGECA, que es fuente secundaria.
Y el problema no es solo que sea secundaria: es que se contradice a sí misma en este punto concreto, y lo hace cuatro veces en el mismo documento. En su página 38 dice que «se exige para un mortero de cemento tradicional un espesor mínimo de 45 mm por encima del tubo, según normativa», y que con autonivelantes de base anhidrita o sulfato cálcico se puede rebajar a 30 mm o menos, existiendo morteros garantizados para solo 15 mm. En las páginas 60-61 dice que el grosor «debe ser como mínimo de 30-40 mm sobre la generatriz superior del tubo». En la 133 habla de «la exigencia general de 30 mm por encima del tubo para las placa-mortero de cemento convencional». Y en la 117, ya en el capítulo de instalación, dice que los tubos «se cubrirán con una capa de mortero habitualmente de 4,5 cm de espesor por encima del tubo», que es además el valor que la propia guía usa en todos sus ejemplos de cálculo (0,045 m).
Cuatro cifras para la misma pregunta en el mismo documento no permiten afirmar un mínimo normativo. Lo que sí permiten afirmar, y es lo que hacemos, es lo que la guía describe como práctica de obra: 4,5 cm por encima del tubo es lo habitual, y con morteros autonivelantes específicos de alta conductividad se puede bajar hasta 1-1,5 cm siguiendo la recomendación del fabricante del producto concreto. Eso es literalmente cierto con las cuatro citas en la mano y no atribuye un mínimo legal a nadie.
Nos aplicamos la misma regla a nosotros mismos, porque el error lo hemos cometido nosotros. La tabla de nuestro propio hub de suelo radiante publicaba «30 mm de exigencia general por encima del tubo», apoyándose en uno solo de esos cuatro pasajes: el único de los cuatro que respaldaba nuestra redacción. Y el sesgo iba en la dirección que perjudica al lector, no en la que le beneficia, que es lo que lo hace grave: publicar 30 mm hace parecer el sistema húmedo más fino de lo que se ejecuta en obra, y esta página va precisamente de si el sistema cabe. Alguien que planifique con 30 mm y se encuentre con 45 en obra tiene un centímetro y medio de sorpresa justo en la variable que decide su compra. Esa celda desaparece con la publicación de esta página.
Para lo que sí sirve saber esto: cuando un instalador te ofrezca un sistema húmedo especialmente fino, la pregunta útil es qué mortero concreto va a usar y qué espesor mínimo garantiza el fabricante de ese producto por encima del tubo. Es un dato que tiene que estar en la ficha del mortero, no en la opinión de nadie, y es lo que separa un sistema de bajo perfil real de un mortero convencional puesto justo.
Roth publica el espesor de sus cuatro sistemas y Uponor el de su panel Siccus y su bajo perfil sin mortero; ninguno publica la altura total con el pavimento.
Las dos primeras posiciones de esta búsqueda en Google las ocupan precisamente esos dos fabricantes con sus propias páginas de producto, así que conviene decir qué información hay ahí y cuál no. Lo que sigue son datos técnicos públicos de producto, no una recomendación: no decimos cuál es mejor, entre otras cosas porque no tenemos ninguna instalación propia ni ningún presupuesto real agregado con el que sostener una comparación así.
Roth cifra cuatro sistemas. Su ClimaComfort Compact, para reforma, declara que «solo necesita 17mm de altura y es posible instalarlo directamente sobre el suelo existente», con tubo de 11 mm y mortero autonivelante especial para espesores finos encima. Su ClimaComfort Panel SECO viene en dos variantes sin mortero: la SECO 11, con placa aislante de «tan solo 14 mm de espesor» y tubo de 11 mm, y la SECO 16, con placa de 25 mm y tubo de 16 mm, ambas con placas de emisión sobre poliestireno de alta densidad con chapa de aluminio adherida, y con el pavimento colocado directamente encima con adhesivo cementoso. Y su sistema convencional, ya citado más arriba, «en torno a 9 cm».
Dos matices sobre esas cifras que el propio fabricante no destaca y que cambian cómo hay que leerlas. El primero: los 14 y los 25 mm son el espesor de la placa, que es lo único que la ficha cifra, no la altura total del sistema instalado, que además incluye el adhesivo cementoso y el pavimento final; la ficha pública no declara altura total del conjunto, así que no digas «el SECO 16 sube el suelo 25 mm». El segundo: el ClimaComfort Compact, pese a estar en la familia de bajo perfil, no es un sistema seco — lleva mortero autonivelante encima. Es de la categoría intermedia, el húmedo de bajo perfil de la tabla del primer bloque, y meterlo en el saco de los secos solo porque sea fino confunde dos cosas distintas.
Uponor también cifra su sistema Siccus, pero hay que ir a buscarlo a la ficha del sistema y no a la página general de suelo radiante, y esa distinción vale la pena porque es una trampa fácil. En la ficha de Siccus 16 el fabricante declara «Paneles lisos con espesor de 20 mm» y un «Bajo perfil de aproximadamente 20 mm (sin mortero)». En cambio, en su página general de soluciones las únicas cifras de espesor que aparecen son de tipos de recrecido en genérico —un autonivelante «de 3 cm», un mortero tradicional «de 5 cm»— y un ejemplo de peso referido a otro producto: esas tres cifras no son fichas de espesor de Siccus y no hay que leerlas como tales. Si has visto por ahí un «Uponor: 3 cm» o un «5 cm», es casi seguro que salen de ahí.
Lo que sigue faltando en el caso de Uponor es distinto, y es justo lo que hace falta para la cuenta con las puertas: no hemos encontrado publicada la altura total del sistema con el mortero puesto, ni una tabla completa de datos técnicos. Su página general describe Siccus como un sistema que requiere «una placa de mortero seco», mientras que la cifra de 20 mm de la ficha está declarada expresamente «sin mortero», así que los dos textos hablan de configuraciones distintas y no vamos a resolver aquí cuál corresponde a tu caso. Buscamos además su manual de instalación público, por si cerraba el hueco: es íntegramente pictográfico, sin ninguna tabla de datos técnicos. Los 20 mm sirven para saber qué ocupa el panel; el total instalado, si lleva recrecido encima, hay que pedirlo.
Lo accionable de todo esto es una pregunta muy simple que hacerle a cualquier instalador, sea de la marca que sea: que te diga por escrito, en el presupuesto, la altura total del sistema que va a instalar sin el pavimento, no el espesor de la placa ni el del panel. Es la única cifra que sirve para hacer la cuenta con tus puertas, y es exactamente la que ninguna ficha comercial da entera.
| Sistema | Qué cifra declara el fabricante | Lleva mortero | Qué falta para tener la altura real |
|---|---|---|---|
| Roth ClimaComfort Compact | 17 mm de altura de sistema, tubo de 11 mm | Sí, autonivelante para espesores finos | El pavimento final |
| Roth ClimaComfort Panel SECO 11 | Placa de 14 mm, tubo de 11 mm | No | El adhesivo cementoso y el pavimento final |
| Roth ClimaComfort Panel SECO 16 | Placa de 25 mm, tubo de 16 mm | No | El adhesivo cementoso y el pavimento final |
| Roth, sistema convencional | «En torno a 9 cm», tubo de 16 o 20 mm | Sí, capa completa | El pavimento final |
| Uponor Siccus 16 | Panel liso de 20 mm; bajo perfil de «aproximadamente 20 mm (sin mortero)» | Su ficha cifra el bajo perfil «sin mortero»; su página general lo describe con «una placa de mortero seco» | La altura total con el mortero puesto, y el pavimento final |
En obra nueva la altura se reserva en proyecto y el sistema húmedo entra sin discusión; en reforma la altura ya está gastada y hay que medir.
Dicho de otro modo: en obra nueva esta decisión ya la tomó alguien por ti, y normalmente bien. El proyectista previó la cota del forjado contando con el suelo radiante, así que el sistema húmedo convencional cabe, y como es el que más masa térmica tiene y el que suele salir más barato por metro cuadrado, es la opción por defecto salvo que haya un motivo para otra cosa. La conversación en obra nueva va de paso entre tubos, circuitos y control, no de si cabe.
En reforma la pregunta es la contraria y llega antes que cualquier otra: cuánto margen queda. Y ese margen no lo fija el techo, como acabamos de ver, sino la puerta más baja de la casa y —si el edificio es antiguo— lo que el forjado admita de carga. De ahí salen los tres escenarios reales que se dan en la práctica: hay altura de sobra y se puede hacer lo mismo que en obra nueva; hay poca y hay que ir a un sistema de bajo perfil o seco, que cuesta más por metro cuadrado; o no hay margen ni tocando el pavimento, y entonces la conversación deja de ser sobre suelo radiante.
Hay una cuarta variable que solo aparece en reforma y que conviene tener presente antes de descartar nada: el pavimento existente, si se levanta, devuelve centímetros. Es la razón por la que una reforma en la que se cambia el suelo de todas formas tiene bastante más margen que una en la que se quiere instalar por encima de lo que ya hay.
Lo que esta página deliberadamente no desarrolla es el eje del dinero, porque tiene su propio sitio y duplicarlo aquí no ayudaría a nadie. La diferencia de precio entre obra nueva y reforma, cuánto pesa exactamente el levantamiento del pavimento existente y por qué las cifras publicadas del sector van de 35 a 144 €/m² están en la página de precio del suelo radiante, con las fuentes trianguladas y la metodología a la vista. Aquí basta con retener el orden: primero se comprueba si cabe, después se pide precio, porque si no cabe el precio no es la conversación.
Enaro no instala: los instaladores suben su presupuesto a la plataforma y tu teléfono solo se libera al que elijas tú, nunca antes.
El orden importa y es distinto del habitual en el sector. Cuando pides presupuesto en un comparador clásico, tus datos de contacto se reparten entre varias empresas y a partir de ahí recibes llamadas. Aquí no: los instaladores reciben los datos técnicos que necesitan para preparar una oferta seria —zona, tipo de vivienda, superficie, si es obra nueva o reforma, qué generador de calor tienes o prevés—, que es todo lo que hace falta para presupuestar y no incluye ni tu nombre ni tu teléfono. Suben su oferta al sistema con precio, alcance y plazo, tú las ves comparadas en la misma pantalla y eliges. Solo entonces se libera tu contacto, y solo al elegido: los demás no lo reciben nunca.
Para esta decisión en concreto, lo que eso cambia es que puedes aplicar lo de esta página en frío y por escrito, que es como se aplica bien. Con las ofertas delante y sin nadie metiendo prisa, se puede comprobar si cada una declara la altura total del sistema sin pavimento o solo el espesor de la placa, qué mortero concreto propone y con qué espesor mínimo garantizado, y si alguien ha dicho algo sobre la carga que se le añade al forjado. Un presupuesto que no conteste a esas tres cosas no es más barato ni más caro: es incomparable.
Antes de llegar ahí conviene tener el marco. La calculadora de suelo radiante estima qué potencia por metro cuadrado necesita tu vivienda, si eso entra dentro de lo que la norma permite emitir por superficie y cuántos circuitos aproximados salen. Es una estimación orientativa y no sustituye un estudio técnico —el dimensionamiento definitivo lo hace un técnico en la vivienda—, pero llegar a la conversación con esos números cambia quién lleva la iniciativa.
Y si lo que estás valorando es sustituir radiadores por suelo radiante con una bomba de calor, esa es una decisión distinta y tiene su propio cálculo: la comparación completa, con el rendimiento estacional de cada emisor, está en radiadores frente a suelo radiante.
Una última cosa que toca decir aunque no venda: Enaro todavía está en la fase de hablar con empresas instaladoras reales antes de abrir el servicio. Hasta que eso ocurra no vamos a publicar cuántos instaladores hay, ni con qué criterios los seleccionamos, ni ningún sello de verificación, porque hoy no habría nada detrás de esas afirmaciones.
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No hay una altura mínima estatal para instalar suelo radiante, y el 2,50 m que circula por el sector no está en el CTE: no aparece ni en el Documento Básico SUA ni en el HS, comprobado sobre el texto completo de ambos. Lo que el CTE fija es una altura libre de paso de 2,10 m dentro de la vivienda —el interior de las viviendas es «uso restringido» según su propio anejo de terminología—, 2,20 m en las zonas comunes del edificio y 2 m en los umbrales de las puertas, y lo hace por seguridad frente a impactos, no por habitabilidad. La altura mínima de habitabilidad sí existe, pero la fija cada comunidad autónoma y en su caso el ayuntamiento, así que hay que consultarla ahí; no publicamos ninguna cifra porque no hemos verificado esas normas en su fuente original.
«Sin obra» es una expresión comercial: lo que existe son sistemas que reducen mucho la obra, no que la eliminen. Sigue habiendo que replantear el circuito, colocar el colector, hacer la prueba de presión y poner un pavimento nuevo encima. Lo que sí es cierto es que algunos fabricantes declaran que su sistema de bajo perfil puede instalarse directamente sobre el suelo existente — Roth lo dice así de su ClimaComfort Compact, con 17 mm de altura de sistema. La contrapartida es aritmética y es la que decide: si no levantas el pavimento antiguo no recuperas sus centímetros, así que todo lo que suba el sistema nuevo más el pavimento nuevo se acumula sobre la cota que ya tienes. En una reforma en la que ibas a cambiar el suelo de todas formas suele compensar levantarlo, precisamente para ganar ese margen.
Ordenadas de menos a más espesor, las que publican fuentes citables: los sistemas secos con difusores continuos (panel de 15-25 mm) o discontinuos (15-30 mm), el portatubos o de cota cero (15-30 mm, pero sin aislamiento, con el puente térmico del que la propia guía de FEGECA advierte si el forjado no está aislado) y el húmedo de bajo perfil (37-42 mm totales). El convencional, en torno a 7-9 cm, queda fuera de la conversación. A todas hay que sumarles el pavimento. Y antes de elegir hay dos cosas que hacer, en este orden: medir el hueco libre bajo la puerta más baja de la casa, que es lo que de verdad limita, y —si hay cualquier duda sobre la estructura— preguntar qué carga añade el sistema al forjado, porque eso no se resuelve eligiendo un panel más fino.
El húmedo lleva una capa de mortero sobre el tubo y el seco la sustituye por paneles con difusores metálicos que reparten el calor. Las consecuencias son tres y todas importan en una reforma: altura, unos 7-9 cm frente a 15-30 mm; peso, unos 100 kg/m² frente a unos 20 según FEGECA; e inercia térmica, mucha en el húmedo y poca en el seco, lo que significa que el seco calienta y se enfría más rápido —no es peor, es distinto de manejar—. El seco cuesta más por metro cuadrado. Hay además una categoría intermedia que se confunde a menudo con el seco: el húmedo de bajo perfil, que lleva mortero y aun así se queda en 37-42 mm totales.
Es el nombre genérico de los sistemas diseñados para reformas donde no cabe el suelo radiante convencional, y agrupa cosas distintas que conviene no mezclar. Están los secos, sin mortero, con paneles de 15-30 mm; el húmedo de bajo perfil, que sí lleva mortero pero con panel de 10 mm y solo 10-15 mm de recubrimiento sobre el tubo, quedándose en 37-42 mm de sistema; y el portatubos o de cota cero, entre 15 y 30 mm, que es el más fino con mortero pero no lleva aislamiento, con lo que la propia guía de FEGECA advierte de que se genera un puente térmico si el forjado no está aislado por debajo. Al pedir presupuesto no basta con oír «bajo perfil»: hay que preguntar cuál de los cuatro y qué altura total tiene sin el pavimento.
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