La aerotermia funciona con radiadores convencionales, con radiadores de baja temperatura, con suelo radiante y con fancoils. La pregunta correcta no es si es compatible —lo es con los cuatro—, sino a qué temperatura de agua va a tener que trabajar tu bomba de calor, porque de eso depende directamente lo que vas a pagar de luz cada invierno.
Esta guía compara las cuatro opciones con datos que se pueden contrastar: las temperaturas de impulsión de referencia del etiquetado europeo (Eurovent/Ecodesign), la caída de rendimiento medida en una ficha real de fabricante, y la capacidad de emisión del suelo radiante según la ecuación de la norma UNE-EN 1264-2. Cuando no tenemos fuente para una cifra, lo decimos y explicamos el factor sin número, en vez de inventarlo.
No hay una respuesta única. En obra nueva el suelo radiante suele ganar; en una reforma con radiadores ya instalados, cambiarlos por unos de baja temperatura es a menudo la decisión más sensata, y no es un premio de consolación. Al final de la página tienes la calculadora que dimensiona tu caso concreto y, si quieres, la forma de comparar presupuestos reales de instaladores.
Última actualización: 4 de septiembre de 2026
Sí. La aerotermia funciona con radiadores convencionales, con radiadores de baja temperatura, con suelo radiante y con fancoils, pero el rendimiento cambia mucho según cuál elijas.
Una bomba de calor aire-agua produce agua caliente que después circula por un emisor —lo que reparte el calor por la casa—. Ese emisor puede ser cualquiera de los cuatro. La incompatibilidad técnica no existe: lo que existe es una diferencia de eficiencia que se paga todos los meses en la factura eléctrica.
El malentendido habitual viene de mezclar dos cosas distintas: «la aerotermia no va bien con radiadores» (falso) y «la aerotermia rinde menos cuanto más caliente tiene que poner el agua» (cierto, y es física, no marketing). Los radiadores convencionales piden agua más caliente que el suelo radiante, así que rinden peor. Rendir peor no es lo mismo que no funcionar.
Hay un matiz que sí conviene tener claro antes de decidir: en España un equipo aire-agua se considera oficialmente aportación de energía renovable cuando su factor de rendimiento estacional (SPF) supera el valor 2,5, umbral que adoptan tanto el RITE como el CTE DB-HE4 para calcular la contribución renovable de una instalación. Una combinación desfavorable —radiadores convencionales antiguos, aislamiento malo y una zona climática fría como la de Madrid— puede acercarse peligrosamente a ese umbral. Es exactamente el escenario que conviene comprobar con números antes de firmar nada.
El rendimiento de una bomba de calor depende directamente de la temperatura del agua que tiene que producir: cuanto más caliente, más electricidad consume para el mismo calor.
El etiquetado energético europeo (Eurovent/Ecodesign) mide el rendimiento estacional de estos equipos en puntos estándar según la temperatura del agua de salida: W35 (35 °C), W45 (45 °C) y W55 (55 °C). No es casualidad que coincidan con los tres regímenes de trabajo típicos de los emisores reales: suelo radiante ronda los 35 °C, los radiadores de baja temperatura y los fancoils rondan los 45 °C, y los radiadores convencionales rondan los 55 °C.
La diferencia no es teórica. En una ficha técnica real de fabricante consultada para el motor de cálculo de Enaro (Warmium P130 V1, consultada el 29/08/2026), el mismo equipo declara SCOP 4,72 en W35 y SCOP 3,37 en W55: alrededor de un 29 % menos de rendimiento por el simple hecho de calentar el agua 20 °C más. Traducido: por cada 100 kWh de calor entregado, el equipo consume aproximadamente un 40 % más de electricidad trabajando a 55 °C que a 35 °C.
Por eso el motor de Enaro no aplica un SCOP único: parte de un valor base por zona climática y lo corrige con un factor por emisor —1,00 para suelo radiante, 0,90 para radiadores de baja temperatura y fancoils, 0,72 para radiadores convencionales—. Es una aproximación de ingeniería documentada a partir de ese ejemplo real, no un valor certificado para todos los fabricantes, y así se declara también dentro de la calculadora.
Un radiador de baja temperatura entrega el mismo calor que uno convencional con agua más fría, a costa de más superficie de emisión o ventilación forzada.
La cantidad de calor que emite un radiador depende de la diferencia entre la temperatura del agua que lleva dentro y la del aire de la habitación. Si bajas el agua de 70-75 °C (el régimen para el que se dimensionaron muchos radiadores instalados con caldera de gas o gasóleo) a 45-55 °C, esa diferencia se reduce mucho y el mismo radiador emite bastante menos potencia. La habitación no llega a la temperatura de confort en los días fríos.
Un radiador de baja temperatura resuelve ese problema por dos vías: aumentando la superficie de intercambio (más elementos, más alto, más profundo, con aletas) o añadiendo un pequeño ventilador que fuerza el paso del aire por el intercambiador —los llamados radiadores ventilados o de convección forzada—. En ambos casos el resultado es el mismo: el equipo puede trabajar más frío, y ahí es donde recuperas el rendimiento.
Es una opción legítima y, en muchas reformas, la más razonable. Cambiar radiadores es una obra de fontanería acotada: se aprovecha la instalación hidráulica existente, no hay que levantar el suelo, no hay que rehacer los pavimentos y la vivienda sigue siendo habitable durante los trabajos. El salto de rendimiento frente a mantener los radiadores convencionales antiguos es real —del orden del factor 0,72 al 0,90 en el modelo de Enaro— aunque no llegue al del suelo radiante.
También existen bombas de calor de alta temperatura, capaces de producir agua a 65-80 °C para radiadores convencionales sin tocar nada. Funcionan y tienen su sitio en rehabilitaciones donde no se puede intervenir en los emisores, pero conviene entrar con las expectativas correctas: cuanto más alta la temperatura de impulsión, más baja la eficiencia estacional, que es justo lo que estabas comprando al elegir aerotermia.

El suelo radiante es el emisor con mejor rendimiento porque trabaja a unos 35 °C, pero exige obra, altura libre disponible y acepta mal los cambios rápidos de temperatura. Si ya has decidido suelo radiante y lo que quieres es dimensionar el conjunto con la bomba de calor, la guía de aerotermia con suelo radiante lo trata como sistema, no como comparación.
Las ventajas del suelo radiante son técnicas, no publicitarias. Al repartir el calor por toda la superficie del suelo, necesita un salto de temperatura pequeño respecto al aire de la estancia, y por eso la bomba de calor puede trabajar en su punto de mejor rendimiento. Además el reparto es más uniforme —sin la columna de aire caliente que sube por delante de un radiador— y no hay elementos a la vista que condicionen dónde poner los muebles.
La capacidad de emisión no es infinita, y esto es lo que más se omite en las páginas que lo venden. La norma UNE-EN 1264-2 tabula la emisión del suelo con la ecuación q = 8,92 · (Ts − Ta)^1,1 W/m², donde Ts es la temperatura de la superficie del suelo y Ta la del aire. Y la propia UNE-EN 1264 limita esa temperatura superficial a 29 °C en zonas de permanencia (salón, dormitorios), 33 °C en baños y 35 °C en las bandas perimetrales junto a fachada. Son límites de confort y seguridad al pisar, no recomendaciones opcionales.
Ese techo tiene una consecuencia práctica muy concreta: con la vivienda a 20 °C, un suelo radiante en zona ocupada no puede entregar mucho más de unos 100 W/m² sin superar el límite de 29 °C. Si tu vivienda tiene mal aislamiento y una demanda superior a esa cifra, el suelo radiante no cubrirá la demanda por sí solo en los días más fríos, por mucho que se dimensione bien. Es exactamente el cálculo que hace nuestra calculadora de suelo radiante, y por eso a veces devuelve un veredicto negativo.
Las limitaciones de obra son igual de determinantes. Un sistema húmedo (panel aislante, tubo y mortero, con el mortero ejecutado habitualmente a unos 4,5 cm sobre el tubo) añade entre 7 y 9 cm de altura sobre el forjado, sin contar el pavimento final. Un sistema seco, pensado para reforma, añade entre 1,5 y 3 cm. Si no tienes esa altura libre —puertas, escalones de entrada, encuentros con otras estancias—, la conversación termina ahí, por buenos que fueran los números de rendimiento.
Y hay una limitación de uso que rara vez se menciona: la inercia. La masa de mortero que almacena el calor tarda horas en calentarse y otras tantas en enfriarse. Eso es una ventaja en una vivienda habitada de forma continua, donde mantiene una temperatura muy estable, y un inconveniente claro en una segunda residencia de fin de semana, donde llegas el viernes por la noche y quieres calor en media hora.

Un fancoil es un intercambiador con ventilador: da calor y frío con agua a temperatura moderada, reacciona rápido y no necesita levantar el suelo.
En el modelo de cálculo de Enaro los fancoils reciben el mismo tratamiento que los radiadores de baja temperatura —factor de ajuste del SCOP de 0,90 sobre la base W35— porque trabajan en un rango de impulsión equiparable, alrededor de los 45 °C. Es decir, recuperan buena parte del rendimiento que se pierde con radiadores convencionales, sin la obra que exige el suelo radiante.
Su ventaja diferencial no es el rendimiento, sino que es el único de los cuatro emisores que hace frío de verdad en verano. La misma unidad que en invierno recibe agua caliente recibe en verano agua fría, y su ventilador la distribuye deshumidificando el aire, exactamente igual que un aire acondicionado. Con una sola instalación cubres calefacción y refrigeración; con suelo radiante o radiadores necesitarías un segundo sistema para el verano.
Las pegas son de instalación y de percepción. Necesitan un hueco para la unidad (falso techo, cassette o un mueble de suelo), un desagüe para el agua de condensación y aceptar que hay un ventilador funcionando: es más silencioso que un split doméstico, pero no es el silencio absoluto de un suelo radiante. En viviendas donde la refrigeración pesa tanto como la calefacción —buena parte del arco mediterráneo—, ese equilibrio suele salir a favor del fancoil.

Esta tabla resume las cuatro opciones por temperatura de impulsión, obra necesaria, inercia y coste relativo, con la fuente de cada dato indicada bajo la tabla.
Léela sabiendo qué es dato y qué es criterio. Las temperaturas de impulsión y los factores de rendimiento salen de fuentes citables. La obra, la inercia y el comportamiento en verano son descripciones cualitativas del funcionamiento de cada sistema. Y donde no tenemos una fuente de precio verificada, la casilla lo dice en vez de rellenarse con un número plausible.
| Concepto | Radiadores convencionales | Radiadores de baja temperatura | Suelo radiante | Fancoils |
|---|---|---|---|---|
| Temperatura de impulsión aproximada | ~55 °C (punto W55) | ~45 °C (punto W45) | ~35 °C (punto W35) | ~45 °C |
| Factor de rendimiento relativo (base: suelo radiante = 1,00) | 0,72 | 0,90 | 1,00 | 0,90 |
| Obra necesaria | Ninguna si ya están instalados | Sustituir los emisores, aprovechando la instalación hidráulica existente | Levantar el suelo (sistema húmedo) o sumar 1,5-3 cm de altura (sistema seco) | Hueco para la unidad (falso techo o mueble) y desagüe de condensados |
| Altura que añade sobre el forjado | No aplica | No aplica | 7-9 cm (húmedo) / 1,5-3 cm (seco), sin contar el pavimento final | No aplica al suelo; ocupa techo o pared |
| Inercia y respuesta | Media: calienta en decenas de minutos | Media-rápida | Alta: horas en subir y en bajar de temperatura | Rápida: respuesta casi inmediata |
| ¿Enfría en verano? | No | No, salvo modelos específicos con ventilación forzada | Refrescamiento limitado, sin deshumidificar | Sí — es su ventaja principal |
| Coste orientativo instalado | Sin fuente verificada (ver nota) | Sin fuente verificada (ver nota) | 40-75 €/m² (sistema húmedo) · 60-90 €/m² (sistema seco) | Sin fuente verificada (ver nota) |
En obra nueva el suelo radiante casi siempre compensa porque no hay coste de demolición; en reforma, los radiadores de baja temperatura suelen ser la opción realista.
En obra nueva el cálculo es sencillo: el forjado está a la vista, la altura se proyecta desde el principio contando con los 7-9 cm del sistema húmedo, y el sobrecoste frente a instalar radiadores es solo la diferencia entre dos partidas, no una demolición añadida. A esto se suma que una vivienda nueva cumple el CTE vigente y tiene una demanda térmica por metro cuadrado baja, muy dentro de lo que un suelo radiante puede cubrir sin acercarse a los 29 °C de temperatura superficial máxima. Es el escenario donde la mejor eficiencia se consigue sin pelearse con nada.
En reforma el escenario cambia por completo, y aquí es donde mucho contenido del sector es poco honesto. Levantar el pavimento de toda la vivienda implica demolición, retirada de escombros, rehacer el suelo, y una casa inhabitable durante semanas. Si además no tienes altura libre para los 7-9 cm, ni siquiera es una opción a valorar: el sistema seco (1,5-3 cm) existe justo para esto, pero encarece el metro cuadrado y sigue exigiendo repasar los encuentros de puertas.
Frente a eso, sustituir los radiadores existentes por unos de baja temperatura es una obra de fontanería localizada, sin tocar suelos, con la vivienda utilizable, y que recupera buena parte del rendimiento (del 0,72 al 0,90 en el modelo de Enaro). Que sea más barata y menos molesta no la convierte en una solución de segunda: en una reforma bien planteada es, con frecuencia, la decisión técnicamente correcta.
Hay dos escenarios que rompen esta regla general y conviene tenerlos presentes. Si vas a levantar el suelo de todas formas —porque la reforma ya incluye cambiar el pavimento—, el sobrecoste real del suelo radiante se reduce mucho y vuelve a ser competitivo. Y si la vivienda está en una zona donde el verano pesa tanto como el invierno —buena parte del arco mediterráneo, como Valencia—, el fancoil puede ganarle a las dos opciones por resolver calefacción y refrigeración con una sola instalación.
El suelo radiante en España cuesta entre 40 y 90 €/m² instalado según el sistema, sin contar pavimento ni bomba de calor; para radiadores no publicamos cifra sin fuente.
El dato que sí tenemos contrastado es el del suelo radiante, y es el que usa nuestro propio motor de cálculo: entre 40 y 75 €/m² instalado para un sistema húmedo y entre 60 y 90 €/m² para un sistema seco, materiales y mano de obra incluidos, como rango triangulado de cinco fuentes reales del mercado español consultadas en septiembre de 2026. Dos advertencias importantes que se pierden en casi todas las comparativas: ese precio no incluye el pavimento final que va encima, ni el equipo que produce el calor, cuyo precio tratamos aparte. Si estás presupuestando aerotermia y suelo radiante a la vez, la bomba de calor se cuenta una sola vez, no en las dos partidas.
Para radiadores de baja temperatura y fancoils no vamos a darte una cifra. No porque no exista información en internet, sino porque no hemos verificado ninguna fuente que declare su metodología, y publicar un rango copiado de un competidor sería exactamente lo que este proyecto se prohíbe hacer. Lo que sí podemos decirte son los factores que mueven ese precio, que es lo que necesitas para leer un presupuesto real cuando lo tengas delante.
Y una consideración de fondo sobre el coste total: el emisor no solo tiene precio de instalación, tiene precio de funcionamiento durante los quince o veinte años siguientes. Un emisor que obliga a la bomba de calor a trabajar a 55 °C en vez de a 35 °C consume aproximadamente un 40 % más de electricidad para entregar el mismo calor. En una vivienda con consumo de calefacción alto, esa diferencia anual puede compensar en pocos años un sobrecoste inicial de instalación; en una vivienda pequeña, bien aislada y de uso ocasional, probablemente no. Por eso la comparación honesta se hace con los números de tu caso, no con una media.
El error más común es reutilizar los radiadores existentes sin recalcular la potencia que emiten a menor temperatura de agua: la casa no llega a calentarse en invierno.
Un radiador dimensionado para una caldera de gas que impulsaba a 70-75 °C no emite la misma potencia cuando una bomba de calor le manda agua a 45 o 50 °C. La emisión depende de la diferencia con la temperatura ambiente, y esa diferencia se reduce drásticamente. El resultado típico se ve el primer invierno: las estancias más desfavorables —las de fachada norte, las de última planta, las que tienen más superficie de ventana— no alcanzan la temperatura de confort, y el usuario concluye que «la aerotermia no calienta». Lo que no calienta es un emisor que se quedó corto.
El segundo error es asumir que todos los radiadores de la casa se comportan igual. La comprobación correcta es estancia por estancia: cuál es la demanda de cada una y qué emite su radiador concreto a la nueva temperatura. Es muy habitual que la mayoría de la vivienda funcione bien y solo dos o tres estancias necesiten un radiador mayor. Sustituir esos dos o tres es mucho más barato que cambiarlos todos, y es una conversación que merece la pena tener con el instalador antes de aceptar un presupuesto de sustitución completa.
El tercero es subir la consigna de la bomba de calor para compensar. Funciona —la casa se calienta— pero cada grado de más en la impulsión te aleja del rendimiento por el que pagaste el equipo. Es la forma más silenciosa de convertir una instalación de aerotermia en una calefacción eléctrica cara.
Y hay dos comprobaciones que se olvidan casi siempre. Una: el circuito hidráulico antiguo puede tener suciedad, lodos y óxido acumulados durante años de caldera, que reducen el caudal y dañan el intercambiador de la bomba de calor; un lavado químico de la instalación antes de conectar el equipo nuevo es barato comparado con la avería que evita. Dos: con agua a menor temperatura el caudal que debe circular es mayor para transportar el mismo calor, así que tuberías dimensionadas justas para una caldera pueden quedarse cortas.
Casi todo el que se plantea reutilizar sus radiadores viene de una caldera, y ahí el emisor deja de ser una cuestión de confort para convertirse en una de rentabilidad: es lo que decide si el cambio compensa frente al combustible que dejas. Esa cuenta, con el SCOP de equilibrio calculado a partir de precios oficiales, está en cambiar la caldera por aerotermia.
Dimensionar bien exige calcular la demanda térmica real de tu vivienda y contrastarla con la capacidad del emisor, no aplicar una regla de vatios por metro cuadrado.
El orden correcto va de la vivienda al equipo, y no al revés. Casi todo el contenido que hay en internet sobre este tema se salta justamente el primer paso —cuánta potencia necesita la casa— y empieza eligiendo emisor o equipo.
Nuestra calculadora de aerotermia hace ese recorrido completo: parte de un modelo térmico que aplica las transmitancias del Código Técnico de la Edificación según el periodo constructivo real de tu vivienda y su zona climática, y ajusta después el rendimiento estimado según el emisor que le indiques. Cambiar la respuesta de «suelo radiante» a «radiadores convencionales» modifica el resultado de verdad, no es una etiqueta cosmética.
Si lo que estás valorando concretamente es suelo radiante, la calculadora específica va un paso más allá: aplica la ecuación de emisión de la UNE-EN 1264-2 para comprobar si tu demanda cabe por debajo del límite de 29 °C de temperatura superficial en zona ocupada, y te da un veredicto de viabilidad —incluido el veredicto negativo, cuando la demanda de la vivienda supera lo que un suelo radiante puede entregar—. Esa es la comprobación que decide si el suelo radiante es siquiera una opción en tu caso.
Con todo, y esto no es una fórmula de descargo: ningún cálculo online sustituye a un estudio técnico. Una estimación como la nuestra sirve para tomar la decisión de emisor con criterio, entender un presupuesto y detectar si alguien te está vendiendo algo desproporcionado. El dimensionado definitivo, con cálculo de cargas por estancia según la UNE-EN 12831 y equilibrado hidráulico, lo firma un técnico sobre tu vivienda concreta.
Depende de la superficie, sí, pero también de la zona climática, del año de construcción —que determina las transmitancias de la envolvente—, del número de fachadas expuestas y de la ventilación.
Y a qué temperatura de agua tiene que hacerlo. Es el paso que decide el rendimiento con el que va a trabajar la bomba de calor el resto de su vida.
La ecuación de la UNE-EN 1264-2 dice si tu demanda cabe por debajo de los 29 °C de temperatura superficial en zona ocupada. Si no cabe, no es una opción.
Con el rendimiento que corresponde a la temperatura de impulsión del emisor elegido, que es lo que ajusta el factor por emisor, no con el mejor punto de la ficha técnica.
Ninguna estimación online sustituye al cálculo de cargas por estancia según la UNE-EN 12831 ni al equilibrado hidráulico, que firma un técnico sobre tu vivienda.
Con Enaro no contratas una instalación: los instaladores suben su presupuesto a la plataforma, tú los comparas, y solo el que elijas recibe tu contacto.
Enaro no instala aerotermia ni vende equipos. Es una plataforma independiente de comparación de presupuestos, y esa independencia es justo lo que permite escribir una guía como esta sin empujarte hacia el emisor más caro. Nos da igual si acabas con suelo radiante o con radiadores de baja temperatura; nos importa que la decisión esté bien tomada.
El funcionamiento evita el problema clásico de pedir tres presupuestos por tu cuenta: describes tu vivienda y tu situación una sola vez, los instaladores preparan su propuesta con esos datos —potencia, alcance del trabajo, plazo— y la suben a la plataforma. Tú recibes las ofertas comparadas en un mismo formato y decides con calma.
Tu teléfono y tu email no se entregan a nadie mientras comparas. Los instaladores no necesitan tu contacto para preparar un presupuesto: les basta con la zona, el tipo de vivienda, la superficie y el emisor que estás valorando. Solo cuando eliges una oferta concreta se libera tu contacto, y únicamente al instalador que has elegido. Los demás nunca lo reciben.
Si vienes de esta página, un consejo práctico: indica en tu solicitud qué emisor tienes hoy y cuál estás valorando. Es el dato que más cambia un presupuesto de aerotermia y el que más discrepancias genera entre ofertas que, sobre el papel, parecían comparables.
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Sí, técnicamente es posible sin sustituirlos. La cuestión es si esos radiadores emiten suficiente potencia con agua más fría de la que les mandaba tu caldera: un radiador dimensionado para 70-75 °C entrega bastante menos a 50 °C. La comprobación correcta se hace estancia por estancia, porque es habitual que la mayoría de la casa funcione bien y solo dos o tres habitaciones se queden cortas. También conviene lavar químicamente el circuito antiguo antes de conectar la bomba de calor.
Depende de la temperatura de impulsión que necesiten tus radiadores, no del hecho de que sean radiadores. Como referencia real: una ficha de fabricante consultada para nuestro motor de cálculo (Warmium P130 V1, 29/08/2026) declara SCOP 4,72 trabajando a 35 °C frente a 3,37 a 55 °C, alrededor de un 29 % menos. Nuestro modelo aplica un factor de 0,72 para radiadores convencionales y 0,90 para radiadores de baja temperatura, sobre la base de suelo radiante. Es una aproximación de ingeniería documentada, no un valor certificado para todos los equipos.
En muchas reformas sí, y no es un premio de consolación. Recuperas buena parte del rendimiento perdido (del factor 0,72 al 0,90 en nuestro modelo) con una obra de fontanería acotada: se aprovecha la instalación hidráulica existente, no se levanta el suelo y la vivienda sigue siendo habitable. Si además solo hay que sustituir las estancias deficitarias en vez de todos los emisores, la inversión baja bastante. Compensa más cuanto mayor sea tu consumo anual de calefacción.
El suelo radiante se mueve en un rango triangulado de cinco fuentes reales (septiembre de 2026) de 40-75 €/m² instalado en sistema húmedo y 60-90 €/m² en sistema seco, materiales y mano de obra. Ese precio NO incluye el pavimento final ni la bomba de calor, que se presupuesta aparte y una sola vez. En reforma hay que sumar la demolición del pavimento existente, que puede ser una partida importante. Para tu caso concreto, lo razonable es comparar presupuestos reales en vez de trabajar con un rango general.
Sí, es una configuración habitual en reformas parciales, pero exige una previsión: los dos emisores piden agua a temperaturas distintas (unos 35 °C frente a 45-55 °C), así que la instalación necesita separar circuitos con su propia regulación —normalmente un grupo de mezcla para el suelo radiante—. Si se conectan al mismo circuito sin más, el equipo acaba trabajando a la temperatura que exige el emisor más desfavorable, y pierdes buena parte de la ventaja de rendimiento del suelo radiante.
Un fancoil es un intercambiador con ventilador que reparte el calor —o el frío— forzando el paso del aire. Trabaja en un rango de impulsión similar al de los radiadores de baja temperatura (unos 45 °C), así que rinde parecido, y responde muy rápido. Su ventaja real es que es el único emisor de los cuatro que refrigera de verdad en verano, deshumidificando como un aire acondicionado. Interesa especialmente donde el verano pesa tanto como el invierno, a cambio de aceptar un ventilador en funcionamiento y prever el desagüe de condensados.
Puede refrescar, pero de forma limitada, y conviene no confundirlo con aire acondicionado. Al hacer circular agua fría se rebaja la temperatura de la superficie, aunque hay un límite físico: si el suelo baja demasiado, aparece condensación. Y como no mueve aire, no deshumidifica. En climas secos ese refrescamiento aporta confort real; en zonas húmedas o con veranos exigentes, casi siempre hace falta un segundo sistema, que es justo donde el fancoil gana la comparación.
Un sistema húmedo (panel aislante, tubo y mortero, con el mortero ejecutado habitualmente a unos 4,5 cm sobre el tubo) añade entre 7 y 9 cm sobre el forjado, sin contar el pavimento que va encima. Un sistema seco, con paneles de difusores metálicos y sin mortero, añade entre 1,5 y 3 cm y está pensado precisamente para reforma. Si no tienes esa altura libre por las puertas, los escalones de entrada o los encuentros con otras estancias, el suelo radiante deja de ser una opción por muy bien que salgan los números de rendimiento.
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